Gabriel Sánchez, psicólogo y fundador de HUSKA Lab, cuenta cómo 18 años de experiencia en salud mental y neurodivergencia dieron origen a una marca que crea soluciones concretas para la regulación corporal.
Durante más de 19 años, Gabriel Sánchez ha trabajado junto a niños, jóvenes, adultos y familias en contextos relacionados con la salud mental, el autismo y la neurodivergencia. Su trayectoria comenzó en escuelas municipales y continuó con la fundación y dirección de un centro interdisciplinario de terapias.
En ese recorrido observó una situación que se repetía: personas que querían avanzar, expresarse o relacionarse con tranquilidad, pero sentían que su cuerpo no las acompañaba.
La sudoración en las manos o el rostro, la sensación de calor y la tensión podían transformar un saludo, una exposición o una entrevista en una experiencia difícil de manejar.
Esa observación dio origen a HUSKA Lab, una marca chilena que desarrolla herramientas de regulación corporal pensadas para situaciones reales.
Una trayectoria dedicada a la neurodiversidad
Para Gabriel, HUSKA no nació siguiendo una tendencia ni buscando únicamente una oportunidad de mercado. Es el resultado natural de una vida profesional dedicada a escuchar, observar y crear soluciones prácticas.
“Siempre he creído que emprender y ayudar no son caminos separados. Para mí, emprender también es construir herramientas que tengan un impacto real en la vida cotidiana”.
En su trabajo descubrió que muchas dificultades no comienzan solamente en lo que una persona piensa o siente. A veces, parten con una reacción corporal involuntaria.
Por ejemplo, alguien nota que sus manos comienzan a sudar antes de saludar y teme que la otra persona se dé cuenta. Esa preocupación aumenta la incomodidad y puede intensificar la sudoración. Así comienza un círculo agotador: el cuerpo reacciona, la mente interpreta esa señal como una amenaza y el cuerpo vuelve a activarse.
“La terapia y las herramientas psicológicas son fundamentales, pero hay situaciones cotidianas en las que la persona también necesita un apoyo físico, rápido y discreto”, explica Gabriel.
Cuando lo profesional se volvió personal
El proyecto adquirió una nueva dimensión cuando Gabriel reconoció estas respuestas corporales en su propia historia y en la de sus hijos.
La sensibilidad sensorial y la reactividad fisiológica que había observado durante años en consulta también formaban parte de su vida familiar. La inquietud profesional se transformó entonces en una misión personal.
Comenzó a buscar alternativas fáciles de usar, discretas, sin fragancias invasivas, residuos molestos ni una apariencia que hiciera sentir al usuario como un paciente.
Sin embargo, encontró un vacío: existían soluciones de apariencia muy médica y productos cosméticos atractivos, pero faltaba una opción que combinara funcionalidad, efectividad y una experiencia sensorialmente amable.
El apretón de manos que cambió el rumbo
El momento decisivo ocurrió durante una evaluación con un adulto autista. Al finalizar la sesión, quiso despedirse con un apretón de manos, pero se detuvo para secarse rápidamente en el pantalón. Estaba incómodo y frustrado.
Entonces dijo una frase que Gabriel no olvidó:
“Me molesta mucho. Si hubiera algo para parar esto, todo sería más fácil”.
En ese momento se conectaron tres elementos: años de observación clínica, una experiencia familiar y una necesidad expresada directamente por alguien que la vivía.
“Ahí decidí que teníamos que desarrollar una solución propia. Tenía que funcionar, sentirse bien y acompañar a la persona sin llamar la atención”, recuerda.
De una idea a una solución concreta
Así comenzó el desarrollo de HUSKA Lab junto a profesionales y laboratorios. El proceso incluyó la investigación de ingredientes, concentraciones, formatos y formas de aplicación.
Pero también consideró detalles fundamentales para la experiencia: cómo se siente el producto en la piel, cuánto tarda en secar, si deja residuos y si puede utilizarse cómodamente en un momento de tensión.
Una pregunta ha guiado todo el proceso:
“¿Esto ayuda de verdad cuando la persona lo necesita?”.
El primer producto de la marca es HAZE, un antitranspirante SOS para manos y rostro desarrollado para ayudar a reducir la sudoración de manera práctica, discreta y sensorialmente amigable.
Puede utilizarse antes de una presentación, una reunión, una prueba o un encuentro social. Su secado rápido, fragancia neutra y acabado sin residuos permiten incorporarlo fácilmente a la rutina.
HAZE se relaciona con una mirada de biohacking cotidiano: usar una herramienta concreta para intervenir de forma práctica sobre una respuesta biológica, como la sudoración, y desenvolverse con mayor seguridad. No reemplaza un tratamiento médico o psicológico; funciona como un apoyo físico para momentos específicos.
Regulación “bottom-up”: del cuerpo hacia la mente
El fundamento conceptual de HUSKA se inspira en el enfoque de regulación bottom-up, es decir, desde el cuerpo hacia la mente.
El cuerpo y el cerebro intercambian información constantemente. Señales como el sudor, el calor, la tensión o la aceleración cardíaca pueden influir en la forma en que interpretamos una situación. Cuando esas sensaciones se perciben como una pérdida de control o una amenaza social, la inquietud puede aumentar.
El enfoque bottom-up propone trabajar primero con determinadas señales físicas para favorecer una mayor sensación de control. Cuando la respuesta corporal deja de concentrar toda la atención, la persona puede volver a enfocarse en lo importante: la conversación, la prueba, la idea que quiere presentar o el vínculo que desea construir.
Para HUSKA, este conocimiento abre un espacio complementario: desarrollar herramientas físicas que ayuden a disminuir la interferencia de ciertas respuestas corporales en la vida cotidiana.
Que el cuerpo deje de ser una barrera
El propósito de HUSKA Lab es claro: que el cuerpo deje de interrumpir la vida y pueda volver a sentirse como un lugar seguro.
“No prometemos calma como una idea. La construimos con método: investigación, testeo, diseño funcional y mejora continua”, señala Gabriel.
La marca busca que la sudoración deje de frenar un saludo, una exposición, una oportunidad o una conexión. No se trata de esconder el cuerpo ni de exigirle perfección, sino de entregar herramientas para vivirlo con mayor confianza.
Ese propósito seguirá guiando los próximos desarrollos de HUSKA: soluciones para necesidades corporales reales, creadas con rigor técnico, escucha activa y una comprensión profunda de quienes las utilizarán.
Porque, a veces, recuperar el control comienza con algo pequeño: dejar de pensar en lo que está haciendo el cuerpo y volver a estar presente en lo que realmente importa.
